Lo quieres o nada (por Pablo Arribas)

Y sé feliz. Pero no por alguien. Tampoco por algo. Quizás con alguien.
Nada de eso; sé feliz porque, al fin y al cabo, es lo que mereces.
Loreto Sesma

No trates de encontrarlo en una discoteca. Tampoco en el trabajo o entre los amigos de tus amigos. Olvídate deTinder, Meetic, Badoo o Match. Y, por supuesto, deja de esperar a que “se aclare” tu ex. El amor de tu vida no está en ninguno de esos sitios ni en ninguna de esas personas. El amor de tu vida eres tú.

Deberíamos nacer con un contrato que nos recordara que somos merecedores de lo mejor, y que cualquier decisión importante que tomemos, si va en contra de nuestro crecimiento, es indigna de nosotros. Todos merecemos que nos quieran y que nos traten con respeto, aunque siempre habrá quien no lo haga. Sobre eso, poco podemos hacer. Ahora bien, hay algo en lo que nadie podrá nunca interferir: nuestra elección de quién y qué nos rodeamos. Para quien quiere compartir viaje, hacerlo con una persona buena, valiente y que nos ame tal cual somos no es solo un regalo que disfrutar si te toca, ni tampoco es solo un derecho, es una obligación con uno mismo.

Lo que quieres…

Una y otra vez la misma historia: “Hace un tiempo conocí a una persona, pero tengo la sospecha de que no es un valiente. Últimamente está algo distante y dice que se tiene que replantear las cosas. No sé qué hacer para que me quiera. Lo he intentado todo. ¿No es eso lo que hace una persona enamorada? Sí, definitivamente creo que no es un valiente”. Historia no pocas veces acompañada de un “¡qué mala suerte tengo!”.

La pregunta importante no es si te quiere. La pregunta importante es “y tú, ¿qué quieres?”. Definir aquello que buscamos es el primer paso para poder encontrarlo. Cuando no somos firmes es esto, nos pasa como a quien va al IKEA sin una lista o las cosas claras: volvemos con el carro lleno, poco de lo que necesitamos y los bolsillos vacíos. Cualquier cosa vale para quien no sabe lo que quiere.

Señalar a la otra persona como responsable de nuestra insatisfacción es síntoma de falta de autocontrol y dominio sobre nuestra propia vida. Si lo que ves no te gusta, déjalo o aléjate, pero no rebajes tus preferencias. La sencillez está muy bien para la vida material, pero cuando se trata de buscar pareja no vale con un Seat Panda. Tu corazón debe viajar en Ferrari.

Si no puedes tener lo que quieres, al menos no te quedes con lo que no quieras”.

… o nada.

Si el primer paso es saber lo que se quiere, el segundo es no negociar. A diferencia de los objetos, las personas no tenemos precio, tenemos valor. Por eso no funcionamos como las leyes del mercado: ni existen los regateos, ni hay momento para rebajas ni podemos sacar a la venta nuestros sueños.

No negociar significa estar dispuesto a quedarse sin nada… pero también a aspirar a todo. No tienes por qué perder cachitos de aquello que deseabas para tu vida. Una pareja, como cualquier persona de la que elijas acompañarte, debe multiplicarte, hacerte crecer y nunca empequeñecerte. Equipo o nada. Cuando no eres exigente te estás quitando valor y poniendo precio. Le estás mandando al mundo el mensaje de que contigo se puede negociar. Y no solo eso, sino que mientras más bajo pongas tu precio, más barato te intentarán comprar. Es la rueda de la devaluación: si tu no te valoras, no te van a valorar.

Para muchas personas, la soledad es un miedo que condiciona su vida hasta el punto de conformarse con cualquier cosa que alivie su vacío. (Siempre que no llenemos nuestra vida de amor propio vamos a sentir una falta) Pero el peor vacío que podemos sufrir no es el de la ausencia de personas, sino el de la presencia de las personas equivocadas. En el universo de la dignidad, la soledad es el refugio de las personas exigentes.

Si culpar a los demás no tiene sentido entre los capitanes de su vida, menos lo tiene culpar al amor. “Ya, pero es que le amo – decimos –, no puedo evitarlo”. Vestimos al amor de trajes que no le corresponden para esconder tras él nuestras flaquezas. El nombre correcto para un comportamiento en el cual somos incapaces de renunciar a algo – aun sabiendo que es perjudicial para nuestro bienestar – no es amor, es adicción, apego o dependencia. Amar algo que es fuente de nuestro sufrimiento atenta contra el amor propio, el cual es el fundamento del propio amor. Recuerda: el amor es siempre cura, nunca causa de enfermedad.

¿Y si en lugar de aferrarte a esa persona porque “ya, pero es que la quiero”, la dejas ir y cuando sufras dices “ya, pero es que me quiero”?

El peor vacío que podemos sufrir no es el de la ausencia de personas, sino el de la presencia de las personas equivocadas.”.

La vida es demasiado rica como para llenar nuestros bolsillos de personas y vivencias deslucidas. Si no llega lo que tú quieres, disfruta de la infinidad de placeres que cada día se te presentan en bandeja. Sírvete de los amigos, de la naturaleza, de tus aficiones o de tu intimidad, pero nunca le pierdas la cara a la vida. Pídele tanto como sientas merecer y sé paciente, porque cuando tu tren pase a buscarte, no puede encontrarte en el vagón equivocado. (No le seas infiel con la persona equivocada). Aprende a aguardar tu momento.

Nuestro valor es tan alto como el valor de nuestras decisiones. Elige al alza. Selecciona bien aquello de lo que te rodeas. Hazlo con el cuidado, el criterio y el mimo de quien se sabe merecedor de lo mejor. Enseña al mundo que no te regalas y que, en tu vida, lo que quieres o nada.

Serás imparable.

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